CUANDO ME AME DE VERDAD

 

 
Hoy te invito a que encuentres un tiempo para ti donde puedas estar tranquilo y te sientes frente a un espejo donde puedas ver toda tu cara… y te descubras… 

Haz una inspiración profunda, retén el aire unos segundos y espira lentamente por la boca. Repite el proceso 3 veces. 
 
Observa detenidamente a la persona que te está mirando, ¿a quién ves? ¿reconoces sus rasgos? ¿cómo es su mirada? ¿está sonriendo, está triste, está enfadado/a…? ¿qué emoción predomina en su expresión facial?
 
Quédate unos instantes, unos minutos, mirando a sus ojos y trata de descubrir que está sintiendo, ¿te es familiar? ¿cuanto tiempo puedes sostenerle la mirada sin emitir un juicio? Déjate sentir la emoción que llegue, no racionalices, sólo siente, vive el momento presente.

Dile todo lo que te venga a la mente sin filtros: el/ella te escuchará sin juzgarte. Háblale de tí, de tus proyectos, de tus sueños, y también de tus temores, de tus desilusiones, de tus preocupaciones, díselo todo mientras le miras a los ojos… y déjate sentir de nuevo…
 
Dale las gracias y recuerda que siempre está disponible cuando lo/la necesitas; es tu mejor aliado.
 
 Ahora, lee y reflexiona sobre cada uno de los puntos de este texto de Chaplin:
 
Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi
sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis
propias verdades. Hoy sé que eso es…
autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. 

Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender porqué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es…
respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me
empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa
actitud. Hoy sé que se llama…
amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé que eso es…
simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y,
con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la…
humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez.
Y eso se llama…plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es…
¡saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas. Cuanto más claramente nos comprendemos a nosotros mismos y comprendemos nuestras emociones, más fácilmente nos convertimos en amantes de lo que es.
 
¿Te amas de verdad?
 
 

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