EL HOMBRE CUANTICO

 

 
(Ana María Oliva- “Lo que tu luz dice”)
 
La ciencia clasifica tres elementos básicos como conformadores de la realidad: la materia, la energía (u onda) y la información. De estos tres elementos la materia es la más conocida. En realidad, es el único del que tenemos conciencia cotidiana, a pesar de que pasamos por alto que esa materia “sólida” está formada básicamente por vacío…


 
 El segundo elemento, la energía, también es más o menos conocido, sobre todo, algunas de sus manifestaciones como la luz, el calor, las reacciones químicas… y la aparente atracción o repulsión que sentimos hacia algunas personas, lugares o cosas.
 
La información es la gran desconocida. Según nuestra creencia newtoniana, la información tiene que estar en algún lugar (y buscamos por ejemplo en que parte del ADN se encuentra). Sin embargo, para poder entender el concepto de información hemos de referirnos al concepto físico de “campo” llamado a veces “mar”. La analogía con el mar es bastante gráfica; permite visualizar que debajo de una superficie aparentemente vacía y tranquila hay un mundo de vida que no podemos observar a simple vista pero que existe. Nos encontramos en un mar de energía, en un intercambio continuo de energía. En este mundo, las partículas “reales” duran apenas un instante antes de volver a desaparecer, a fundirse con el campo, igual que una ola que brevemente besa la playa para volver a disolverse de inmediato en el océano. Las partículas no se pueden separar del vacío que las rodea.
 
Como una ola, la conciencia humana experimenta una breve separación (que percibimos como vida) para volver después al océano cósmico donde todo es unidad. Cada interacción se graba en un “akasha” ilimitado, en forma de información procedente de un patrón de interferencia instantáneo. Nada se pierde, todo está siempre accesible. Todo está unido, todo es uno.
 
En ese campo está grabada la información de cómo son las cosas, la realidad de lo que cada partícula es. Al no tener un soporte físico, al no estar contenida en el interior de nada, la información está en todas partes. En el cuerpo lo vemos claramente cuando clonamos un organismo entero a partir de la información del ADN de una sola célula. También conocemos los mapas reflejos en el iris, los pies, las orejas…; en todas y cada una de las partes de nuestro cuerpo hay información acerca de cómo están funcionando el resto de las partes de nuestro cuerpo.
 
Si extrapolamos los tres niveles de realidad en el hombre, tenemos: una estructura física que es nuestro cuerpo físico, un segundo nivel que es la energía o la vibración que es otra manifestación de nuestro propio ser y, por último, la información, almacenada en algún lugar y que hace que cuando crecemos sigamos manteniendo la mayor parte de los rasgos que nos identifican y cada célula se divida sabiendo si ha de crear una célula hepática o una de colon. Además, la información es holográfica; la información de todo ser está en cada de una de sus partes.
 
El cuerpo físico está formado por células que se agrupan formando tejidos, que a su vez forman órganos, los cuales se organizan como sistemas. 
 
¿Sabes que solo el 10% de las células de nuestro cuerpo son células “humanas”?…. El 90% restante son bacterias… ¡SI!… Bacterias. Ocupan unos dos kilos del peso de un adulto y habitan en todos nuestros conductos, nuestras estructuras. Es como si las células humanas formaran la estructura de una ciudad, mientras que las bacterias serían los habitantes. Y en lugar de darnos cuenta de lo importante de estar en equilibrio con ellas, intentamos eliminarlas por todos los medios. Sin bacterias no es posible la vida, ni la humana, ni la vegetal ni al animal. Sin bacterias no habría nitrógeno fijado para poder construir moléculas como los aminoácidos que forman parte de las proteínas o los ácidos nucleicos del ADN.
 
El cuerpo físico está sometido a las leyes del espacio y del tiempo y su desarrollo es en una sola dirección. Está sujeto también a la ley de la causalidad (si me acerco a una cerilla me quemaré).
 
En segundo lugar, tenemos el cuerpo energético (bioplásmico) o aura. Se forma antes que el cuerpo físico; es la matriz sobre la que éste se construye. Tiene un componente electromagnético (medible) y otros componentes de otros tipos de energía (por ejemplo el cuerpo etérico). Algunos de estos campos son más densos y otros más sutiles. El campo energético interpreneta el cuerpo físico y se extiende más allá de él; cuanto más cercano está al cuerpo físico más fácilmente se puede percibir. Frota tus manos unos instantes y luego sepáralas y aléjalas lentamente… notarás una sensación, una vibración entre ellas cuando las acercas.
 
La velocidad del cambio es la principal diferencia entre el cuerpo físico y el cuerpo energético. Ambos están continuamente cambiando, pero el cuerpo energético lo hace más deprisa porque no está sometido a un espacio-tiempo unidireccional. Por el contrario, puede desplazarse a través del espacio y del tiempo, nos permite hacer viajes astrales, desplazando la conciencia a otros lugares y/o a otros tiempos. En este cuerpo está el registro de las experiencias que hemos vivido; todas quedan grabadas en él. Algunas personas son capaces de leer nuestro aura y acceder a la información allí almacenada y leerla.
 
Todo lo que hacemos, todo lo que sentimos, todo lo que pensamos, las personas con las que interactuamos modifican continuamente este campo.
 
El tercer nivel es la información; son los códigos que dirigen la energía, lo que dice cómo se tienen que hacer las cosas. Este nivel se halla en la dimensión donde todo sucede simultáneamente…es el “reino de la magia”…
 
La información proviene de muchas fuentes. En primer lugar tenemos una información arquetípica, acerca de quien somos, para qué estamos aquí, cuál es nuestra misión en el mundo: la información esencial que emana de nuestro SER.
 
Esta información está sujeta a las influencias del entorno: socioculturales y familiares. Nuestra mente se llena de normas, de juicios acerca de lo que está bien y lo que está mal y nos pasamos la vida cotejando cada acontecimiento con las referencias que hemos construido. Si encajan, tenemos momentos de felicidad y si no encajan, sufrimos. Detrás de cada sufrimiento hay una creencia.
 
Como nuestra información está tan interferida, tan manipulada, tan sobreescrita con nuevas informaciones, apenas se reconoce la melodía única de cada SER. Cuando se interfiere en la información que tenemos en nuestro cuerpo, se producen conflictos de pensamientos, de emociones o de acciones, que si se mantienen en el tiempo darán lugar a disfunciones y desequilibrios que acabarán manifestándose con síntomas físicos.
 
¿Cómo hacemos para recuperar la información esencial?
 
Hemos de desaprender todo aquello que nos limita y nos impide llegar a saber quiénes somos. Hemos de mirar hacia dentro y vaciar todos aquellos pensamientos y creencias que sobran hasta ser capaz de reconocer la unidad de todo lo que existe, capaz de fundirnos a cada instante con la inmensidad del Todo.
 
Si hacemos el recorrido del modelo del hombre cuántico desde la materia, la energía y la información para llegar al SER, al vacío cuántico, allí donde todos somos uno, la enfermedad solo podrá surgir de la falta de conciencia de este último nivel, del hecho de ir en contra del principio de intención pura sobre el que se basa todo lo que existe. 
 
La salud es armonía integral del SER, manifestada a través de todas sus dimensiones. El camino hacia ella es el camino de la coherencia personal. La salud entonces se manifestará en los tres niveles: un cuerpo físico sin lesiones, un campo energético armónico y una información acorde con el principio de intención pura.
 
Diferentes terapias inciden en diferentes realidades del ser: las plantas pueden aportar estructura (alimentos), energía o información (medicamentos). La homeopatía proporciona información al cuerpo físico, la acupuntura al campo energético y las esencias florales suministran información al campo de información. Todas ellas son “técnicas” que actúan a diferentes niveles.
 
Pero, hay una realidad que trasciende a toda técnica: la verdadera salud es la armonía del SER. Se trata de que nos liberemos de todo lo que nos tiene apegados y aceptemos lo que hemos rechazado, se trata de recordad quiénes somos y por qué estamos en la tierra. 
 
El amor verdadero… es el verdadero y único motor de sanación… Y… la falta de amor hacia uno mismo es la principal causa de la enfermedad. Recuperar el principio de unidad, recuperar la conciencia de quiénes somos es recuperar la salud.
 

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